En el año 1855, C. H. Spurgeon, el conocido pastor de lo que más tarde fue llamado el “Tabernáculo Metropolitano” en Londres, Inglaterra, publicó la confesión de fe de su iglesia, la cual se basa en la confesión de fe de Westminster, que es la confesión de fe de muchas iglesias evangélicas cristianas bíblicas, y es reconocida como la más exacta confesión de fe reformada debido a los años dedicados a su preparación por los mejores ministros de Inglaterra y Escocia en un tiempo donde eran perseguidos por su fe. Por su puesto hay algunas matices de diferencia en algunos puntos, pero a pesar de ellos, podemos declarar nuestro acuerdo básico con todos los fundamentos de la fe protestante reformada aquí declarada.

Aunque entre aquellas cosas que creemos, afirmamos que no hay nada semejante a la Biblia, por eso no atribuimos autoridad alguna a ninguna confesión. De hecho, creemos firmemente que todas las doctrinas de hombres deben decidirse por el veredicto bíblico. A pesar de esto, hay quienes menosprecian los documentos llamados confesiones de fe. Otros dicen: «Cristo es nuestro credo». Sin embargo, todo el mundo sabe que en el momento en que decimos, “La Biblia dice tal o cual cosa, y yo la creo”; ya hemos hecho una confesión de fe. Si algunos no cree en la utilidad de escribir y publicar su confesión, respetamos su posición, si bien diferimos. Por nuestra parte, convencidos de que los que quieren saber en qué creemos deben ser atendidos, estamos dispuestos a satisfacer sus expectativas.

Orando por la dirección del Espíritu de Dios y procurando sólo la exaltación de Jesucristo crucificado, les compartimos la confesión de fe de las creencias fundamentales de la Iglesia Bíblica Evangélica Misionera (IBEM). Nuestro propósito no es ser contenciosos o divisivos sino andar en paz con nuestros hermanos que crean en las doctrinas de la Gracias. Por todo esto, nos ha parecido bien declarar nuestra fe en los aspectos más fundamentales, de tal manera que quienes asistan a nuestros templos, sepan claramente nuestras creencias. Aceptamos esta breve declaración de fe no como una regla autoritaria, o como un código de fe, sino como una ayuda en la controversia, una confirmación en la fe y un medio de edificación en la justicia, de tal manera que los hermanos y hermanas que pertenecen a la IBEM estén preparados para dar respuesta de la fe que hay en ellos, evitando así toda manipulación religiosa.

 

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